10K Santa Fe · 25 de octubre de 2026
El 10K que me hizo levantar el pie
Por Uve · Publicado el
Hay decisiones deportivas que requieren meses de planificación. Y otras que se toman porque alguien del gimnasio te dice que va a correr un 10K.
Lo mío fue lo segundo.
Uno de los coaches de Valhalla Box comentó que iba a participar en la carrera de Santa Fe con varios compañeros. Y pensé: ¿por qué no?
La salida, a un minuto de casa. El circuito, por calles que he recorrido miles de veces. Y avituallamiento incluido.
Un entrenamiento de calidad con dorsal y servicio de bebidas. Difícil encontrar una oferta mejor.
Hacía bastante tiempo que no competía en un 10K y tampoco había preparado específicamente la distancia. Pero confiaba en que tanto entrenamiento de HYROX hubiera dejado algo de velocidad en las piernas.

La adrenalina corre. Las piernas deciden.
Calenté con los compañeros de Valhalla. Ellos están bastante más rápidos que yo. De hecho, le dije a uno de los coaches que él bajaría de 45 minutos. Y acerté.
Mis sensaciones eran menos prometedoras: piernas pesadas, poca frescura y algunas dudas.
Pero llegó la salida y, con ella, ese maravilloso invento llamado adrenalina.
Los dos primeros kilómetros salieron alrededor de 4'47"/km.
¡Pues igual estamos mejor de lo que parecía!
El problema es que mis piernas no compartían semejante entusiasmo.
Hacia la mitad de la prueba empezaron a pasar factura los entrenamientos acumulados. El pulso iba alto, pero estable y sin llegar al límite. Tenía margen cardiovascular, pero muscularmente la cosa era bastante distinta.
Decidí mantener un ritmo exigente, sin empeñarme en sufrir más de la cuenta.
Cuando vi un parcial de 5'14", entendí que bajar de 50 minutos se estaba escapando.
Tocaba apretar los dientes y administrar lo que quedaba.
Cuando una pequeña pendiente parece una montaña
El circuito de Santa Fe es prácticamente llano y muy favorable para correr rápido. Aunque tiene un par de giros de 180 grados y unas rectas interminables que, cuando vas justo, se hacen especialmente largas.
Los casi dos últimos kilómetros pican ligeramente hacia arriba.
Nada serio. Pero con las piernas cargadas, hasta una pendiente modesta puede adquirir dimensiones alpinas.
Por suerte, ese tramo coincide con la zona donde más gente anima. Y entre los ánimos, la cercanía de la meta y el último ataque de orgullo, conseguí correr el kilómetro final unos segundos por debajo de 5'.
Lo cual me dejó una sensación un tanto contradictoria.
Si todavía podía correr a ese ritmo, quizá había algo más dentro.
Pero no había sabido sacarlo antes.
50'24". Y otra vez al podio.
Crucé la meta en 50 minutos y 24 segundos.
Mi primer pensamiento fue bastante sencillo: por lo menos no me había rendido ni había tirado la toalla.
Después llegó una alegría inesperada: primer clasificado Máster E local.
Curiosamente, ocho años atrás ya había ganado la categoría Máster C en esta misma carrera. Por entonces entrenaba exclusivamente para correr y preparaba las pruebas de otra manera. Hoy compagino carrera, fuerza y estaciones de entrenamiento híbrido. Cambian las letras de las categorías, cambia la preparación y todavía cae alguna alegría.
Por supuesto que me hizo ilusión. Pero, siendo sincero, habría preferido bajar ampliamente de 50 minutos, aunque me hubiera vuelto a casa sin trofeo.
Porque creía que tenía más ritmo en las piernas.
Y eso es lo que realmente me preocupa.

¿Y si el problema no es entrenar poco?
Llevo meses disfrutando muchísimo del entrenamiento híbrido. HYROX, fuerza, carrera, sesiones exigentes... Quizá demasiado exigentes y demasiado seguidas.
Me gusta entrenar fuerte. El problema aparece cuando empiezas a sospechar que estás acumulando más cansancio del que consigues quitarte de encima.
No preparé específicamente este 10K, es cierto. Pero tampoco estoy haciendo las semanas de descarga que probablemente necesito.
Y puede que ahí esté una parte importante de la explicación.
Dentro de cuatro semanas me espera AtlonX Fuengirola, el 21 de noviembre. Quiero mejorar mi rendimiento respecto a Córdoba, pero esta carrera me ha dejado algunas dudas sobre cómo estoy gestionando los entrenamientos.
Ahora mismo el cuerpo me pide bajar el ritmo, recuperar y replantear la estrategia.
Porque una cosa es tener ganas de entrenar y otra muy distinta es que las piernas estén siempre dispuestas a secundarlas.
Tal vez este 10K no me haya enseñado cuánto puedo correr, sino en qué condiciones estoy llegando a correr.
De Santa Fe me traje un trofeo y unas cuantas preguntas.
El trofeo ya tiene su sitio.
Las preguntas, de momento, ocupan bastante más.