Entrenamiento de fuerza a mi edad: cómo estoy ganando músculo y cuidando mis articulaciones
Cuando empecé a cambiar mi manera de vivir, el primer foco fue claro: comer distinto, perder peso, caminar más, sumar kilómetros. Pero había algo que seguía cojo: la fuerza.
No hablo de marcar abdominales. Hablo de cosas muy básicas:
- Levantarte del sofá sin que todo pese.
- Subir escaleras sin sentir que las rodillas protestan a la mínima.
- Llevar bolsas, maletas o cualquier peso del día a día sin acabar con la espalda protestando al minuto.
En este post te cuento cómo estoy metiendo el entrenamiento de fuerza en mi vida, qué tipo de fuerza no me funciona, qué ejercicios sencillos estoy usando y cómo aplico el Método UVE (Ubica, Verifica, Experimenta) para no volverme loco con ello.
Por qué el entrenamiento de fuerza importa cuando pasan los años
A partir de la mediana edad, el cuerpo empieza a perder masa y fuerza muscular de forma progresiva si no hacemos nada para impedirlo. Esa pérdida de músculo y fuerza se llama sarcopenia, y se asocia a más fragilidad, más caídas y menos autonomía [1].
Las revisiones en población mayor lo dejan bastante claro:
- Los programas que incluyen ejercicios de fuerza bien planificados mejoran la masa muscular, la fuerza y la capacidad para hacer cosas tan simples como levantarse de la silla o caminar más rápido [1].
- El entrenamiento de fuerza progresivo, adaptado a la edad, puede ayudar a recuperar parte de la fuerza perdida y mejorar la capacidad de esfuerzo en el día a día [2].
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, en su guía de ejercicio físico para mayores, insiste en que los planes para personas de más edad deben incluir, además del trabajo aeróbico, ejercicios de fortalecimiento, equilibrio y flexibilidad, adaptados al nivel de cada persona y que se puedan hacer incluso en casa [3].
Traducido a lenguaje ViveConUve: si quiero que mi cuerpo me siga acompañando dentro de 10 o 20 años, no me vale solo con caminar: necesito entrenar fuerza de manera inteligente.
Ubica: así estaba mi fuerza antes de empezar
En el Método UVE, el primer paso es Ubicar: ver dónde estás sin cuentos.
Antes de darle su sitio al entrenamiento de fuerza, mi situación era algo así:
- Sensación de “me falta motor” al subir escaleras o al cargar peso.
- Pequeñas molestias en rodillas, hombros o espalda que iba dando por “normales”.
- Pensar que con muchos pasos y algo de cardio ya “iba servido”.
- Esa etiqueta silenciosa de “yo no soy de pesas ni de gimnasio”.
Ubicar, en mi caso, fue admitir cosas como:
- No estaba hecho polvo, pero no tenía una base de fuerza sólida.
- Había esfuerzos que me daban respeto por miedo a lesionarme.
- Dependía demasiado de “tirar de inercia” y muy poco de músculo entrenado.
Si quieres hacer tu propia Ubicación, puedes preguntarte:
- ¿Qué gestos cotidianos se te hacen cuesta arriba (subir escaleras, levantarte del suelo, cargar bolsas…)?
- ¿Desde cuándo no haces nada que se parezca a un ejercicio de fuerza de forma regular?
- ¿Hay zonas que te dan respeto (rodillas, hombros, espalda) y te frenan solo de pensarlo?
No se trata de juzgarte. Se trata de tener la foto real del cuerpo hoy.
Verifica: qué tipo de fuerza me aleja del objetivo (y qué se acerca)
El segundo paso del Método UVE es Verificar: ver qué te ayuda y qué te sabotea.
Con la fuerza, lo que NO me funciona es:
- Programas épicos de “entrena 5–6 días por semana o no sirve”.
- Rutinas eternas con 15 ejercicios distintos, donde no aprendo realmente ninguno.
- Entrenamientos que me dejan reventado durante tres días, con agujetas que me impiden caminar normal.
- Ejercicios acrobáticos que exigen una movilidad o fuerza que ahora mismo no tengo.
En cambio, lo que sí me está sirviendo:
- Trabajo en formato circuito: 13 ejercicios por sesión que repito en 4 vueltas, pero los ejercicios cambian de un día a otro, así que ninguna sesión es igual, se hace mucho más ameno, se trabaja todo el cuerpo y cada día se siente como un pequeño reto a superar.
- Movimientos que se parecen a cosas que ya hago: sentarme y levantarme, empujar, tirar, estabilizar.
- Progresar poco a poco: alguna repetición más, algo más de carga, más control.
- Salir cansado, pero no roto, de cada sesión.
También hay algo importante a nivel de contexto: entreno dentro de un grupo, los Bicharrac@s. Es gente con edades y cuerpos muy distintos, y el papel que tienen en mi cambio dará para un post propio más adelante. Aquí solo lo dejo apuntado, porque la fuerza, para mí, también va de comunidad y de sentirte acompañado.
Experimenta: cómo entreno fuerza de manera sencilla
Tercer paso: Experimentar. No es casarte con un sistema para siempre, sino probar una forma de entrenar fuerza que quepa en tu vida real.
Cuántos días y con qué lógica
Lo que mejor me encaja ahora es:
- Alrededor de tres sesiones de entrenamiento de fuerza por semana, en días no consecutivos.
- Cada sesión con una duración razonable: en mi caso, como ya he explicado, es un circuito de ejercicios, pero también puede ser una sesión más corta de 3–4 movimientos básicos bien trabajados, que es una opción igual de válida si estás empezando o tienes menos tiempo.
La guía de ejercicio físico para mayores de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología propone, para personas de más edad, ejercicios de fortalecimiento 2–3 días a la semana, con pocas series y repeticiones adaptadas al nivel de cada uno, muchas veces realizables en casa con material sencillo [3].
Mi objetivo no es batir marcas. Es que la fuerza tenga un hueco estable en mi semana, como los pasos y el descanso.
Pocos ejercicios, bien explicados
En cada sesión trabajo muy pocos movimientos, pero les doy continuidad. Algunos ejemplos de lo que estoy usando ahora mismo:
Sentadilla a la silla
Me siento y me levanto de una silla, con control, sin dejarme caer.
- Pies apoyados al ancho de las caderas.
- Bajo hasta tocar la silla y vuelvo a subir empujando el suelo, sin despegar los talones.
- Si lo necesito, uso las manos en los muslos al principio para ayudarme.
Es el mismo gesto que levantarme del sofá, pero entrenado a propósito y con atención.
Remo con banda elástica
Engancho una banda a un punto fijo estable, aproximadamente a la altura del ombligo.
- Sujeto los extremos de la banda con las manos.
- Mantengo el pecho abierto y la espalda larga, sin encogerme hacia delante.
- Tiro de la banda llevando los codos hacia atrás, cerca del cuerpo, sin subir los hombros a las orejas.
Con este gesto trabajo la espalda y contrarresto tanta postura de “espalda hacia delante” del día a día.
Empuje contra la pared
Coloco las manos en la pared, un poco más anchas que los hombros, y el cuerpo ligeramente inclinado.
- Doblo los codos acercando el pecho hacia la pared.
- Empujo de nuevo hasta alejarme, cuidando que el cuerpo se mueva como un bloque.
- Si quiero más dificultad, me separo más de la pared para aumentar la inclinación.
Es una versión accesible de la flexión, que puedo ir complicando poco a poco.
Plancha inclinada
Apoyo las manos en una superficie estable (mesa firme, encimera) y mantengo el cuerpo en línea.
- Apoyo las manos bajo los hombros o un poco por delante.
- Mantengo el cuerpo recto, sin hundir la zona lumbar ni sacar demasiado la cadera.
- Aguanto 10–20 segundos respirando con normalidad y descanso.
No se trata de aguantar minutos, sino de ir sumando segundos de buena calidad.
No tienes por qué usar justo estos ejercicios, pero sí una idea parecida: movimientos que puedas visualizar, entender y hacer sin miedo, con margen de progresión. Y siempre con esta regla: si algo duele (dolor punzante, no simple esfuerzo), se cambia, se adapta o se consulta con un profesional.
Cómo encaja la fuerza con el resto de mi cambio
El entrenamiento de fuerza no va suelto. Se apoya en el resto de piezas de ViveConUve:
- El movimiento diario hace que el cuerpo llegue menos rígido a las sesiones y se complementa con la fuerza. De eso hablo en detalle en Movimiento diario: del sofá a sumar kilómetros sin épica .
- La alimentación y el ayuno intermitente, que cuento en Ayuno intermitente sin volverme loco , ayudan a rendir mejor en las sesiones y a recuperar sin ir siempre al límite.
- El sueño de calidad, protagonista de Dormir mejor: cómo estoy arreglando mi sueño , es clave para que el músculo se recupere y para no vivir arrastrándome de una sesión a otra.
- Y la salud mental, de la que hablo en Menos ruido en la cabeza: salud mental y bienestar emocional , también mejora cuando sientes que tu cuerpo responde y que no te estás castigando, sino cuidando.
No se trata de hacer un puzzle perfecto desde el día uno. Se trata de que las piezas se vayan apoyando entre sí.
Mini plan UVE de entrenamiento de fuerza para esta semana
Si quieres probar algo concreto sin liarte, te propongo este mini plan con el Método UVE.
Ubica: tu fuerza hoy
Durante unos días, observa:
- ¿En cuántas ocasiones haces algo que realmente exija fuerza? (subir varias plantas, cargar peso, levantarte del suelo…).
- ¿Qué gestos se te hacen más pesados de lo que te gustaría?
- ¿Hay alguna zona que te da miedo mover con intensidad?
Esa es tu foto actual. No hace falta que sea bonita, solo que sea real.
Verifica: qué te ha frenado hasta ahora
Pregúntate:
- ¿Qué frase te repites más: “no tengo tiempo”, “ya estoy mayor para eso”, “me voy a lesionar”…?
- ¿Has empezado alguna rutina demasiado dura que te dejó hecho polvo y te quitó las ganas?
- ¿Tienes la inercia de querer hacerlo perfecto desde el primer día, para luego abandonar?
Elige dos ideas que reconozcas como frenos clásicos tuyos.
Experimenta: una semana probando fuerza sencilla
Para los próximos siete días:
- Marca dos o tres días en los que harás una pequeña sesión de fuerza (aunque sea de 15–20 minutos).
- En cada sesión, elige con cabeza 2–3 ejercicios sencillos del estilo que te he contado (sentadilla a la silla, remo con banda, empuje en pared, plancha inclinada), adaptados a tu nivel.
Tu objetivo esta semana no es “ponerte fuerte”. Tu objetivo es comprobar que puedes integrar el entrenamiento de fuerza en tu vida sin romperte y sin odiarlo.
Al final de la semana, pregúntate:
- ¿Me siento igual, peor o un poco mejor que antes de empezar?
- ¿Hay algún gesto (subir escaleras, levantarme del sofá) que noto ligeramente más fácil?
- ¿Hay algo de este experimento que podría mantener sin que me pese en la cabeza?
Si la respuesta es que notas una pequeña mejora, por mínima que sea, ya tienes un dato importante: la fuerza tiene sentido en tu semana, no solo en teoría, sino en tu cuerpo real.
Notas
- Barajas-Galindo, D.E. et al. «Efectos del ejercicio físico en el anciano con sarcopenia. Una revisión sistemática». Endocrinología, Diabetes y Nutrición (2021). Disponible en: elsevier.es .
- Padilla Colón, C.J. et al. «Beneficios del entrenamiento de fuerza para la prevención y tratamiento de la sarcopenia». Nutrición Hospitalaria (2014). Disponible en: scielo.isciii.es .
- Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Guía de ejercicio físico para mayores. SEGG, documento de libre acceso orientado a personas mayores y profesionales. Disponible en: segg.es .