Mi recorrido
La fuerza que dejé fuera cuando solo quería correr
De los ritmos y el reloj a los Bicharrac@s, Valhalla y la fuerza que exige una competición híbrida.

En mi primera etapa de corredor, la fuerza era «para otros». Yo tenía mis ritmos, mis kilómetros y mi reloj. Bastante ocupación tenía ya con mirar la muñeca como para levantar algo.
Había corrido diez kilómetros, medias y maratones. No era falta de interés por entrenar: era una idea bastante estrecha de lo que para mí contaba como entrenamiento.
Los Bicharrac@s entraron en la ecuación
Cuando retomé el movimiento, empecé a entrenar fuerza en un grupo guiado por un amigo. Los Bicharrac@s éramos personas con edades y cuerpos diferentes. Los circuitos variaban, y el ambiente ayudaba a volver y a no sentirme perdido entre ejercicios.
Eso fue importante: encontrar un sitio al que me apetecía regresar. La fuerza dejó de ser el apartado que siempre podía hacer otro día y pasó a tener un hueco en mi semana.
De tener un hueco a tener un objetivo
Antes de entrar en Valhalla llevaba aproximadamente un año haciendo entrenamiento funcional dos o tres días por semana. Seguía corriendo y a veces nadaba. No llegué al box a descubrir el deporte; llegué con ganas de probar algo más exigente.
Allí se acabó la separación cómoda entre «ahora corro» y «ahora levanto». Una estación termina y toca volver a correr con las piernas que te han quedado. En mis primeras clases descubrí cuánto me faltaba por aprender de burpees, wall balls y movilidad.
Los kilos no viajan solos
En Córdoba comprobé que mover un trineo en el box no me permitía anticipar cómo se iba a comportar en otra superficie. Había mirado la carga y había dado por hecho demasiado. La competición corrigió el cálculo con bastante contundencia.
Ese es el cambio más claro en mi relación con la fuerza: ya no me interesa solo cuánto consigo mover. También cómo lo hago, qué ocurre después y si puedo repetir el esfuerzo dentro de una prueba completa.
Qué mirar antes de copiar un entrenamiento
Una foto de una barra no explica para quién se eligió esa carga. Y una lista de ejercicios tampoco explica toda la sesión. Antes de trasladarla a tu semana, conviene saber:
- Qué objetivo tiene y qué experiencia presupone.
- Cómo se ajustan los movimientos y el esfuerzo a quien los hace.
- Qué carrera o trabajo intenso hay alrededor.
- Qué margen queda para recuperar y quién puede ayudarte a modificar la sesión.
Tener más de cincuenta no nos coloca a todos en el mismo punto. Tampoco convierte mi preparación en la tuya. Yo cuento el recorrido que me llevó de ignorar la fuerza a necesitarla para el deporte que ahora me engancha.
Hoy tiene este sitio en mi semana tipo. Y la prueba de realidad está en lo que pasó en Córdoba.